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El desempleo, una peste para los jóvenes de las comunas más pobres

In Uncategorized on 4 marzo 2009 at 1:01 AM

Las cifras por sí solas son impactantes: el crecimiento de apenas un 0,5%, la cesantía se acerca a los dos dígitos y el IPC del mes de enero con una cifra de -0.8%. La unanimidad de los analistas económicos coinciden en que estas cifras se van a radicalizar en los dos trimestres sucesivos; no falta quienes anuncien la recesión futura, en el corto plazo e incluso, un proceso deflacionario, mucho más difícil de combatir que la inflación.

Por cierto, el cuadro internacional es peor: Estados Unidos llega a 2.500.000 pérdidas de empleo, y así ocurre en los demás países del mundo; ya sólo en los países de Europa, Estados Unidos y Japón se encuentran en recesión, sino también se agregan, al menos, cinco países asiáticos, exceptuando, solamente, India y China, que actualmente sufre un decrecimiento en su producto interno bruto; México y los países de Centroamérica están a punto de la recesión. No falta quienes anuncian una larga depresión en el mundo.

Chile, como es lógico, no puede escapar a este cuadro mundial: es un país dependiente de las materias primas y muy abierto al comercio mundial. En estos días comienza a tocarnos la peste de la cesantía: el desempleo no puede ser visto, solamente, en base a indicadores económicos, pues tiene la cara humana que va destruyendo a los más pobres y también a las comunas abandonadas por el excesivo centralismo chileno, que no sólo está segmentado educacionalmente, sino también territorialmente.

Hay comunas y ciudades que están prácticamente muertas para el mundo del trabajo y todas estas superan, de lejos, los dos dígitos: Valparaíso y Viña del Mar con el 14.2%; Coronel, un 15.2%; Penco, 15.3%; Temuco, un 14%; la Ligua – una de las comunas que represento- un 10%. La cesantía en todo Chile se acerca, en promedio, al 20%. Demás está decir que esta cifra no considera el subempleo y el trabajo informal.

Poco efecto ha tenido la recomendación de la Presidenta a las grandes empresas, en el sentido de tratar de mantener a sus trabajadores. B. H. P ha licenciado, en estos días, a dos mil trabajadores, sin ninguna consideración a los millones de dólares que sacó del país, producto del alto precio del cobre. Las empresas de celulosa y maderera han hecho otro tanto, provocando alta cesantía en la provincia de Arauco, Cautín y la de Curanilahue, entre otros lugares. Para qué hablar de la construcción y de los supermercados.

El Estado gasta millones de dólares en capitalizar bancos privados, que niegan el crédito a las empresas familiares y las Pymes, además de los créditos individuales para vivienda o consumo.

Se ha comprobado en todo el mundo que el mercado desrregulado es incapaz de reanimar la economía; hoy sólo pueden aplicarse políticas neokeynesianas, es decir, convertir el Estado en el agente principal de la economía.

Ni el Ministerio de Hacienda, ni el Banco Central han reaccionado oportunamente; es evidente que en una decontracción del consumo es imprescindible una potentísima baja de interés que, al menos, deberá alcanzar los tres mil puntos básicos. Por parte del Ministerio de hacienda llegó la hora de invertir y no de ahorrar. Sólo el dogmatismo neoliberal no comprende que la inversión es muy diferente al gasto. Chile tiene millones de dólares ahorrados y es inaceptable que no se inviertan en promover el empleo. El paquete tiene que ser contundente y a la vena.

Propongo las siguientes medidas: 1) un plan especial de empleo, dirigido a las regiones más deprimidas, (V, VIII y IX Regiones), cuyo objetivo será reducir las tasas de desempleo a un dígito; 2) duplicar el bono de apoyo de empleo a los jóvenes; 3) centrar en el Banco del Estado créditos blandos, con baja tasa de interés, a empresas familiares y Pymes; 4) moratoria a las deudas de las Pymes; 5) plan de obras públicas, centrado en la construcción de escuelas, hospitales y consultorios, y que privilegie a Regiones y comunas más pobres; 6) rebaja del Iva a todos los productos de la canasta popular; 7) premio e incentivos tributarios a las empresas familiares y Pymes que empleen mayor número de personas. Todas estas medidas son perfectamente financiables solamente con el interés de los ahorros fiscales, incluso, puede conceptuarse un porcentaje de los Bonos existentes en el extranjero para financiar el costo de estas medidas. A más largo plazo, un inversión fiscal en energías limpias, que permitan la seguridad energética.

El paquete debe ser lo suficientemente grande y de rapidez en su aplicación para asegurar un número de empleos suficientes, que permita reactivar el consumo, el crédito y el crecimiento económico. No se conoce, de momento, otra fórmula para combatir la recesión y, lo que es más grave, una deflación.

Marco Enríquez-Ominami

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